Una cripta de 300 años en el paisaje urbano de Córdoba Capital

El ritmo de ciudad, el paisaje arquitectónico y la cultura urbana de Córdoba Capital complementan la propuesta serrana característica de la provincia. Contrastan con el horizonte de cumbres que aparece más allá, en la distancia, donde la fuerza de la naturaleza se convierte en protagonista.

En la ciudad, los viajeros experimentan el cálido trato cordobés, que se manifiesta en cada interacción. También visitan lugares de interés lúdico, tiendas de moda o simplemente pasean por sus calles, como es el caso de la elegante calle peatonal Rivera Indarte.

Cualquier paseo por este sendero puede conducir a su intersección con la Avenida Colón. Lo que no todos saben de antemano es que en este reconocido rincón se encuentra el acceso a la Cripta Jesuítica, un lugar que fue rescatado del olvido, lleno de misterios por descubrir.

¿Qué hay en la cripta jesuita?

De gran valor histórico, la Cripta actualmente funciona como museo de sitio, por lo que tanto locales como visitantes tienen la oportunidad de descender a las ruinas subterráneas de lo que alguna vez estuvo destinado a ser parte del Noviciado Jesuita.

Para quienes se adentran en este rincón escondido de la ciudad de Córdoba, la propuesta es recorrer sus tres naves, formadas por gruesos pilares que acompañan muros de ladrillo y piedra tosca. Se puede acceder de lunes a viernes, de 10 am a 3 pm En tanto la entrada es libre y gratuita.

Abajo, en cada rincón hay objetos de interés cultural que hacen referencia a los más de 200 años en los que el lugar cumplió distintas funciones. Las piezas expuestas van acompañadas de una sencilla descripción que da cuenta de esta dilatada historia.

Cabe señalar que, entre lo construido y lo enterrado, la Cripta sirvió como casa de ejercicios para los jesuitas, o como dependencia de los padres de Belén, entre varios propósitos.

Orígenes de la Cripta Jesuítica

El inmueble donde se construyó la Cripta formaba parte del Noviciado de los Jesuitas, fundado en 1608. Construido en 1713, el nuevo espacio estaba destinado a los jóvenes novicios que originalmente tenían su sede en la Manzana de los Jesuitas, aunque la obra se pospuso por motivos económicos.

En 1926 el lugar fue enterrado. Dos años después, las autoridades de la ciudad de Córdoba decidieron ampliar la calle Colón. Durante las obras afloraron a la superficie las bóvedas de la antigua construcción. Sin embargo, para completar el proyecto estos fueron rellenados con escombros.

Finalmente, la Cripta fue redescubierta en 1989 por trabajadores de la entonces activa empresa ENTel, que excavaban para el tendido subterráneo de cables telefónicos.

A partir de este hito se llevó a cabo la puesta en valor del espacio, con especial énfasis en su recuperación arqueológica y arquitectónica. Hoy los resultados son visibles para quienes deciden pasar por ella.

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