Sabores regionales del Chaco: sabores del monte

Comenzamos la mañana en un hermoso hotel, rodeado de vegetación. Nuestro abundante desayuno incluye pan casero, dulce de calabaza y una exquisita miel de montaña que sorprende por su suavidad.
Mientras emprendemos un viaje hacia la comunidad wichí más cercana, nuestro guía nos ofrece galletas de algarroba recién horneadas (fruto del algarrobo, un árbol muy conocido en la zona). Satisfechos por el reciente desayuno, dudamos en aceptar, aunque la resistencia no dura mucho y rápidamente tomamos un poco. El color y el sabor son similares al chocolate, aunque con un toque de canela. realmente exquisito
Turismo gastronómico
Recorremos varios kilómetros, la mañana pasa rápido y es hora de almorzar. “Ahora vas a conocer a Los Ramírez, aprovecha y pregúntales todo lo que quieras saber sobre cocina, porque son unos expertos”, nos dice el guía. Llegamos y nos espera una mesa con empanadas, «Son vizcachas, un animalito que parece un conejo», explica don Segundo, mientras nos invita a sentarnos.
La dueña de la casa, Artura, viene apurada de lejos, secándose las manos con el delantal, nos saluda y nos asegura “se acabó el locro”. Ansiosos por probar los manjares prometidos, comenzamos la comida que sin duda quedará en nuestra memoria para siempre.
Cada cucharada es especial, y no podemos dejar de comentar lo exquisito que queda, valorando además el enorme esfuerzo de nuestros anfitriones, quienes nos comentan que desde la madrugada han estado preparando lo que ahora disfrutamos.
Después de una larga charla, llegó el momento del postre, para el cual dejamos un espacio, sabiendo que valía la pena probarlo. Dulce de tuna y queso casero, dos manjares preparados por nuestra querida Artura.
Continuar el recorrido se vuelve difícil después de haber comido tanto, pero nos mueven las ganas de seguir conociendo este mágico lugar. Al ver nuestras energías un poco agotadas, decidimos quedarnos un rato junto al río y disfrutar de la paz de este inmenso paraíso.
llega la noche
Sin darnos cuenta cae la tarde y nos dirigimos hacia donde pasaremos la noche. Después de una ducha reparadora, vamos a un restaurante conocido por su vizcacha en escabeche, por supuesto la pedimos, aunque como plato principal recomiendan el chivo al horno de barro y las calabazas como guarnición. Cada ingrediente nos sorprende por su sabor, sobre todo el dulzor de las calabazas que, aunque no lo parezca, es natural.
Luego de una exquisita cena, decidimos volver a descansar para continuar nuestra aventura muy temprano al día siguiente. El Impenetrable, sus paisajes, su gente y sus sabores nos esperan para que sigamos descubriendo un territorio que empezamos a entender por qué despierta pasiones.

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